Por Mariana Massa, de la Redacción de Baires Centro.
En el marco de Septiembre Amarillo, Mes de Prevención del Suicidio, la intención de esta nota es poner el foco no sólo en las estadísticas, sino también en las historias y los contextos que atraviesan a las personas. ¿Qué pasa cuando alguien no puede pedir ayuda? ¿Qué lugar ocupan la comunidad, los vínculos y el sistema de salud?
Con esos interrogantes como eje, entrevisté a Sebastián Holc, Director de Promoción y Cuidados en Salud Mental y Consumos Problemáticos de la provincia de Buenos Aires.
A lo largo de la entrevista, Holc se refirió a los datos más recientes sobre suicidios consumados en el territorio bonaerense, los factores sociales y personales que pueden incidir en las situaciones de riesgo, la importancia de la continuidad de los cuidados y las estrategias de prevención que se desarrollan en escuelas, hospitales y espacios comunitarios desde la Provincia.
-¿Qué muestran las estadísticas más recientes sobre suicidio y conductas suicidas en la provincia de Buenos Aires? ¿Hay grupos etarios o sectores de la población que requieran una atención especial?
–Por primera vez, la provincia de Buenos Aires puede construir datos más certeros sobre los suicidios consumados. Esto es posible a partir de un convenio entre el Ministerio de Salud, el Ministerio de Seguridad y la Procuración General de la Provincia, que permite articular la información de las tres áreas. Esta articulación no sólo permite contar con datos más precisos -porque en la problemática del suicidio existe un importante subregistro-, sino también con información más cercana en el tiempo. Actualmente podemos elaborar, cada seis meses, un informe interno que nos permite monitorear la cantidad de suicidios y las localidades más afectadas. Además, vamos a generar un informe anual para presentar públicamente. Esta nueva forma de medir confirma algunas tendencias que se observan en la Provincia y en el país. En Buenos Aires, aproximadamente el 78% de los suicidios consumados corresponde a varones y el 22% restante, a mujeres. Otro dato importante es que los suicidios consumados se concentran en la franja etaria de entre 20 y 39 años. Además, son más numerosos que los homicidios dolosos y culposos y que las muertes por accidentes de tránsito. Se trata de un dato epidemiológico muy relevante, porque permite identificar cuáles son las principales causas externas de muerte y, a partir de allí, diseñar estrategias de intervención y distribución de recursos.
-Más allá de las estadísticas, ¿qué factores sociales y personales aparecen con mayor frecuencia vinculados a las situaciones de riesgo? ¿Qué lugar ocupan la soledad, los vínculos, las dificultades económicas, las violencias o los consumos problemáticos?
–El suicidio es una problemática multicausal. No sólo existen muchas causas posibles, sino también distintas dimensiones que deben tenerse en cuenta: la personal, la comunitaria y la social. Puede haber más de una causa y, de hecho, suele haber más de una. Los datos muestran una concentración de los suicidios en varones de entre 20 y 39 años. Esto obliga a prestar atención al papel de las masculinidades hegemónicas. Históricamente, las mujeres estuvieron más vinculadas a las tareas de cuidado y al acceso al sistema de salud. Los varones, en cambio, suelen tener mayores dificultades para pedir ayuda o expresar lo que están atravesando. Cuando enfrentan situaciones de sufrimiento psíquico o social -como la desocupación, las deudas u otras dificultades-, muchas veces expresan poco aquello que les ocurre. Esa dificultad para hablar y buscar ayuda puede aumentar el riesgo.
-¿Qué señales deberían conocer familiares, amigos, docentes y otros integrantes de la comunidad?
–La detección temprana es un debate actual. Históricamente, desde una perspectiva médico-hegemónica, el suicidio se pensó como una problemática asociada principalmente a la depresión u otros diagnósticos. Por eso se buscaban señales como el aislamiento, el abandono de actividades, la falta de motivación, la dificultad para sostener los vínculos, la falta de apetito o una disminución del deseo de vivir. Desde una perspectiva psicosocial, que contempla las vulnerabilidades sociales, las violencias y las masculinidades hegemónicas, el concepto de detección temprana resulta insuficiente. Lo que debemos fortalecer es el cuidado colectivo y la prevención comunitaria. Es importante construir vínculos de confianza en los distintos ámbitos de la sociedad para que las personas puedan expresar lo que les pasa, lo que sienten y cuáles son sus sufrimientos. El suicidio no está ligado a un cuadro específico, sino a múltiples situaciones sociales, personales y vinculares. Por eso, más que concentrarnos únicamente en detectar determinados signos, debemos generar lazos sólidos y confiables que permitan hablar de lo que ocurre y pedir ayuda.
-Cuando aparece una situación de ideación o intento de suicidio, ¿cómo es actualmente el abordaje del sistema de salud bonaerense y qué importancia tiene el seguimiento posterior?
–Cuando ocurre un intento de suicidio, la respuesta debe estar a cargo del sistema de salud. Como suelen ser situaciones de urgencia, generalmente son atendidas en hospitales generales. También existen centros de atención en salud mental en el primer nivel y otras instituciones que intervienen en el acompañamiento. En la Provincia se incorporaron más de mil trabajadores y trabajadoras de salud mental en hospitales generales y otros dispositivos distribuidos en el territorio. Estos equipos intervienen tanto en las guardias y las urgencias como en la atención ambulatoria. La atención en salud mental es hoy mucho más amplia que la que recibimos al inicio de la gestión de Axel Kicillof. La incorporación de trabajadores, la formación de equipos y el cambio de perspectiva permiten desarrollar estrategias centradas en la comunidad. El abordaje no termina en la urgencia. También es necesario acompañar a la persona cuando deja el hospital y vuelve a su comunidad. Por eso es fundamental la continuidad de cuidados y de los tratamientos. Cuando no existe ese seguimiento, las urgencias pueden convertirse en una suerte de “puerta giratoria”: la persona recibe atención, vuelve a su casa y poco tiempo después regresa nuevamente en situación crítica. En este sentido, la Provincia creó 18 centros comunitarios y próximamente inaugurará otros dos. También transformó centros provinciales de atención en dispositivos comunitarios. Estos espacios no son consultorios ambulatorios tradicionales ni instituciones de internación. Son dispositivos intermedios a los que pueden concurrir personas con afectaciones importantes en su salud mental para participar de talleres, permanecer durante parte del día y sostener diferentes actividades. En algunos casos, también reciben allí una comida. De este modo, el centro comunitario se convierte en un espacio cotidiano de acompañamiento para personas que atraviesan situaciones de padecimiento subjetivo y necesitan sostener una red de cuidados.
-¿Qué estrategias de prevención se desarrollan en la Provincia y qué rol tienen las escuelas, las familias, los municipios, las organizaciones comunitarias y otros espacios sociales?
–La Provincia desarrolla distintas estrategias de prevención. Una de ellas consiste en comunicar, realizar campañas y acercar el sistema de salud a las personas. Es importante que la comunidad comprenda que hablar de lo que ocurre, conversar con amigos, familiares o compañeros de trabajo y pedir ayuda son acciones fundamentales. La comunidad puede funcionar como un puente para que una persona se acerque al sistema de salud y reciba atención. También contamos con un programa de prevención inespecífica para adolescentes llamado “La salud mental es entre todos y todas”. Se desarrolla en escuelas desde hace aproximadamente cuatro años y medio, a través de talleres. No se trata de charlas aisladas sobre qué es una “buena salud mental”. Los equipos de salud y de orientación concurren varias veces a trabajar con el mismo grupo. Se realizan tres o cuatro encuentros en los que se busca construir un espacio de confianza para que los chicos y las chicas puedan hablar de lo que les pasa, expresar qué significa para ellos la salud mental y compartir sus preocupaciones y sufrimientos. El programa tiene un alcance muy importante. Además de los efectos singulares en cada estudiante, las escuelas señalan transformaciones en la dinámica grupal: una mejor convivencia, menos situaciones de bullying y una mayor consideración por los problemas de los compañeros y las compañeras. En relación con las campañas, próximamente se realizará un anuncio importante por parte del Gobernador Axel Kicillof. La provincia está trabajando en una campaña específica sobre esta problemática y sobre la salud mental en general.
-Finalmente, ¿qué mensaje considera importante transmitir a una persona que atraviesa una situación de sufrimiento y a quienes la rodean? ¿Dónde puede recurrir una persona que necesita ayuda en la provincia de Buenos Aires?
-Las personas que atraviesan un padecimiento o un sufrimiento en salud mental tienen que poder contar con su comunidad. Históricamente se construyeron muchos prejuicios y vergüenzas alrededor de estos padecimientos. A eso se suma que vivimos en un mundo y en particular en un país donde la política pública actual dice que cada uno se tiene que salvar solo. Esas condiciones dificultan que las personas puedan hablar libremente sobre lo que les ocurre. Por eso, el rol de la comunidad es fundamental. A quien está sufriendo en materia de salud mental le diría dos cosas. En primer lugar, que intente recurrir a las personas que lo rodean o a aquellas que considera que pueden acompañarlo, para no atravesar ese sufrimiento en soledad. En segundo lugar, que acuda al sistema de salud. Actualmente, la Provincia cuenta con una línea telefónica de atención, el 0800-22564, que brinda orientación y acompañamiento y puede ayudar a gestionar un turno en un centro cercano. Próximamente el Gobernador va a anunciar que el servicio va a funcionar las 24 horas los siete días de la semana.
La entrevista con Sebastián Holc deja una idea central: la prevención del suicidio no puede reducirse a la identificación de señales individuales. Requiere mirar los contextos, desarmar prejuicios y, sobre todo, construir comunidad.
Los datos que por primera vez sistematiza la Provincia permiten dimensionar la magnitud del problema y orientar políticas públicas, pero también muestran que la respuesta no puede terminar en la urgencia. La continuidad de los cuidados, las redes de acompañamiento y los espacios donde las personas puedan hablar sin vergüenza ni estigma forman parte de la prevención.
En el marco de Septiembre Amarillo, el mensaje es doble: para quien sufre, la importancia de no atravesar ese padecimiento en soledad y de acercarse a su entorno y al sistema de salud; para la comunidad, la responsabilidad de funcionar como puente, generar confianza y escuchar. Porque, como plantea Holc, prevenir también es cuidar los vínculos.
¿Dónde pedir ayuda en la provincia de Buenos Aires?
Línea provincial de atención en salud mental: 0800-22564, para orientación y acompañamiento y gestión de turnos. Próximamente contará con atención las 24 horas, los siete días de la semana. También se puede acudir al hospital general más cercano o a centros comunitarios de salud mental.
