El Gobierno de Javier Milei decidió avanzar con la salida de Santiago María Guillermo Adolfo Muzio de la dirección de la Casa Argentina en París, luego de una serie de denuncias y cuestionamientos que se acumularon durante los últimos meses. Su reemplazante será Alfredo Mario Soto, profesor universitario y actual vicerrector de una universidad de Rosario.
La salida de Muzio se produjo después de que distintas organizaciones, estudiantes, académicos, escritores y artistas reclamaran públicamente su remoción y solicitaran una auditoría sobre la administración de la residencia argentina en la Ciudad Internacional Universitaria de París. La situación había adquirido además repercusión en medios franceses.
Muzio había llegado a la conducción de la Casa Argentina en 2024. Abogado francoargentino, también había estado vinculado al Instituto de Ciencias Sociales, Económicas y Políticas (ISSEP), una institución francesa asociada a la dirigente de derecha Marion Maréchal.
Uno de los principales episodios que generó críticas fue el retiro de una placa conmemorativa dedicada a los desaparecidos y víctimas de la última dictadura militar argentina. La placa fue retirada durante el Día de la Memoria y, ante la negativa de Muzio a reinstalarla, la propia Ciudad Internacional Universitaria colocó posteriormente otra placa.
A ese episodio se sumaron denuncias de estudiantes y residentes que cuestionaron decisiones relacionadas con la permanencia y expulsión de alumnos, investigadores y artistas. En agosto, incluso dos funcionarias parisinas solicitaron al canciller francés una investigación sobre el funcionamiento de la institución ante las denuncias por expulsiones y otras decisiones adoptadas por la dirección.
La controversia también alcanzó la relación entre la Casa Argentina y la Ciudad Internacional Universitaria de París. Según los cuestionamientos difundidos, Muzio se negó a firmar la Carta de Valores de la institución, que contempla principios vinculados con los derechos humanos, las libertades de conciencia, pensamiento y expresión y la no discriminación.
Los reclamos no estuvieron limitados a cuestiones ideológicas o institucionales. Una carta firmada por 1.096 académicos, escritores y artistas también puso bajo la lupa las obras realizadas dentro de la Casa Argentina y pidió revisar el manejo de los recursos.
En el documento se denunciaron reformas edilicias «opacas y presuntamente irregulares», además de una supuesta falta de claridad en la utilización de fondos. Por ese motivo, reclamaron una auditoría administrativa, contable y técnica sobre la gestión de la residencia.
Los firmantes también cuestionaron una reducción de las plazas disponibles para estudiantes y residentes y plantearon que determinadas decisiones podían afectar el funcionamiento de la institución y sus relaciones con la Ciudad Internacional Universitaria.
Muzio, por su parte, había defendido públicamente su gestión y sostenido que sus decisiones respondían a la necesidad de reorganizar la institución, ordenar sus recursos y recuperar el prestigio y la seguridad de la residencia. También había reivindicado su postura frente a lo que definió como la influencia de la «ideología woke».
Fuente: Perfil.
