Por Hernán Ralinqueo, Presidente del Partido Justicialista de 25 de Mayo:
«En el reciente fallo del Tribunal de Trabajo de Bragado en el caso Ricardo Iramendy, con el patrocinio letrado de la colega Dra. Daiana Loza, quedó expuesta la mecánica de la gestión Egüen para deshacerse de trabajadores principalmente con dos características: gremialistas y militantes peronistas.
El mismo expone algunos puntos interesantes:
Que cumplía con responsabilidad y acabadamente su tarea como empleado en el Municipio.
Fue reconocido por todos los testigos que desarrollaba actividad sindical en el Sindicato de trabajadores municipales.
Que el Sindicato de Trabajadores Municipales de 25 de Mayo tiene plena existencia, al menos desde 1983, y además está adherido una Federación. También constató que este Sindicato tenía una intensa actividad a favor de sus afiliados con beneficios y servicios en salud, alimentos, electrodomésticos y vestimenta en diferentes comercios.
Que la gestión Egüen al utilizar la máxima sanción tenía un solo fin, el de descartar al trabajador y atemorizar al resto de los trabajadores.
Determinó que los trabajadores Iramendy, Farías, Ortega y Alayón fueron trabajadores perseguidos por ser militantes sindicales. Quedó comprobado que el actual intendente Egüen amenazó telefónicamente a los trabajadores.
Que por las similares características de los despedidos en el Municipio de 25 de Mayo tuvieron lugar 300 despidos por odio.
Finalmente, en la parte resolutiva decreta la nulidad de la cesantía dispuesta por el empleador y se ordena a la Municipalidad de 25 de Mayo la inmediata reinstalación del actor en su puesto de trabajo en idénticas condiciones a las que detentaba al momento del cese y asimismo se le ordena abonarle los salarios caídos desde la cesantía hasta la efectiva reincorporación del actor, más sus intereses.
Desde una mirada política, que necesariamente debemos hacer, el término más exacto de la causa de despido del trabajador Ricardo Iramendy es por ser peronista y gremialista.
De esta manera el odio, una vez más, vuelve a surcar la tierra de la Patria. No es la primera vez que el odio y el resentimiento gana los corazones de dirigentes que se sienten entronizados por esas voces que reclaman descargar toda su ira y el escarmiento contra el Pueblo trabajador.
Pasó muchas veces en nuestro país: las bombas sobre Plaza de Mayo en 1955, el fusilamiento de José León Suárez, la persecución y desaparición de militantes y dirigentes sindicales; los centros clandestinos de detención. Son heridas profundas de nuestra historia reciente, todas acciones que fueron promovidas contra la justicia social y la igualdad, impulsadas por el Peronismo en el país.
Lamentablemente de alguna manera vuelven con despidos como el de Iramendy esas ideas, aunque obviamente no se pueden comparar, pero son como brotes en pequeñas dosis y baja intensidad. Se utiliza el aparato del Estado generando igualmente mucho daño en las familias, estás decisiones con tintes de autoritarismo enervados en una rabiosa ráfaga de gritos, insultos, acusaciones y cataratas, denigrando a los trabajadores militantes peronistas. Todo esto bajo las excusas de emergencia en las cuentas públicas y el señalamiento de ñoquis, de militancia rentada o grasa militante. O lo más reciente, también podríamos referirnos al intento de asesinato de la dos veces ex Presidenta Cristina Fernández de Kirchner que también fue motivado por cuestiones de odio.
El fallo del Tribunal de Trabajo de Bragado en el Caso Iramendy describe el hecho como discriminación por causas políticas y sindicales y lo más importante es que pone en evidencia que existió y se desarrolló un mecanismo para seleccionar y eliminar trabajadores. El mismo fue organizado y llevado adelante por el gobierno de la Coalición GEN – LLA – UCR dejando constancia de las burdas maniobras por las que se intentan convalidar el despido de más de 300 trabajadores municipales, muchos con más de 20 años de antigüedad y afiliados al Sindicato de Trabajadores Municipales.
En definitiva, en todo el fallo se ratifica que Iramendy es un excelente trabajador pero que fue despedido por su condición de militante sindical, previamente a ser amenazado por el propio Egüen. Lo que podemos interpretar con claridad y desde el rol de Presidente del Partido Justicialista debo decir con total convicción: Iramendy fue echado por gremialista y Peronista».
