Fernando Herraiz: «Más allá del diván|Salud mental, justicia social y la sociedad del cansancio»

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​Por Fernando Herraiz de Generación 25:

«Salud mental y justicia social son dos caras de la misma moneda.Sigmund Freud definía la salud mental como la capacidad de amar y de trabajar. Durante décadas, este postulado sirvió como marco para pensar el bienestar individual. Sin embargo, en el mundo contemporáneo, las injusticias estructurales y las profundas brechas socioeconómicas ponen en jaque constante ese equilibrio.​

La salud mental no puede seguir analizándose como un asunto estrictamente individual o clinico. La justicia social es la base indispensable sobre la que se construye cualquier bienestar psíquico.​​

En la época de la hiperproductividad y el rendimiento constante, la subjetividad se ve desbordada. Habitamos lo que el filósofo Byung-Chul Han denomina la sociedad del cansancio, donde la autoexplotación se disfraza de realización personal y la desconexión es vista como un fracaso. La crisis global de salud mental, signada por altos índices de ansiedad, depresión, angustia, no es un fallo biológico colectivo, sino la respuesta sintomática a un sistema que exige más de lo que la condición humana puede sostener.​​

Para abordar esta crisis no basta con aumentar el número de consultorios o prescribir fármacos. Se requiere una lectura crítica y empática del dolor del mundo. Entender que el sufrimiento psíquico muchas veces refleja condiciones materiales de vulnerabilidad, violencia estructural y aislamiento.​

Frente a esto, la respuesta debe ser fundamentalmente intersectorial:

​Políticas públicas integrales: Articular salud, educación, vivienda, empleo y cultura para garantizar condiciones de vida dignas.​

Comunidad y red: Salir de la clínica individualista y habilitar espacios comunitarios de escucha y contención.​

Acompañamiento colectivo: Transformar el malestar individual en una demanda colectiva por derechos.​

Aprender a leer el dolor del mundo nos exige actuar en consecuencia. La salud mental no es la ausencia de malestar, sino la capacidad comunitaria de construir un entorno donde la vida valga la pena ser vivida.

​Frente a la cultura del aislamiento y la exigencia desmedida, el acto más revolucionario es recuperar la ternura, la solidaridad y la acción colectiva. Reclamar el bienestar no es un privilegio individual, sino una tarea política y comunitaria.Aprender a leer el dolor del mundo nos exige salir de la parálisis y actuar en consecuencia. Si el sistema actual enferma aislando, la sanación debe ser necesariamente colectiva. Frente a la cultura del rendimiento desmedido y la apatía, el acto más revolucionario es tejer redes, exigir políticas públicas verdaderamente intersectoriales y recuperar la dimensión comunitaria del cuidado. La salud mental no se logra adaptándonos a una sociedad injusta, sino atreviéndonos a transformarla para que amar, trabajar y vivir con dignidad vuelvan a ser posibilidades al alcance de todos».

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