Por Mariana Massa, de la Redacción de Baires Centro.
Este viernes 4 de septiembre se celebra el Día de la Secretaria, una fecha que invita a poner en valor una tarea que muchas veces transcurre detrás de escena, pero que resulta fundamental para el funcionamiento cotidiano de una institución. En la Escuela Normal de 25 de Mayo, nivel Primario, Lía Salvatierra y Susana Testa integran el equipo de la Secretaría, aunque sus historias dentro de la escuela comenzaron en momentos diferentes y tienen un vínculo muy particular: Susana fue maestra de Lía cuando ella era alumna.
Susana forma parte de la institución desde 2006. Durante muchos años fue maestra de tercer grado y, según cuenta, nunca había imaginado que terminaría ocupando un cargo en la Secretaría. “Esto me cayó del cielo, porque nunca lo esperé, nunca me propuse dar examen para venir acá”, recuerda. La oportunidad apareció cuando quedó una suplencia en el equipo de conducción y, por su puntaje, pudo acceder al cargo. Tiempo después, con la jubilación de quien ocupaba la Prosecretaría, asumió ese lugar. Desde 2023 se desempeña como prosecretaria, después de haber pasado buena parte de su trayectoria frente a un aula.
La historia de Lía tiene otro recorrido. Se recibió de maestra en 2018 y comenzó realizando suplencias hasta que tuvo la posibilidad de ingresar a la Escuela Normal. Allí fue docente de sexto, luego de quinto y, en 2023, compartió tercer grado justamente con Susana. “Yo siempre entraba y veía a Silvia Spinelli, que estaba en ese momento como secretaria, llena de papeles. Y decía: ‘Yo quiero hacer lo que hace Silvia’”, cuenta con cierta nostalgia. Cuando Silvia se jubiló y quedó la vacante, Lía decidió prepararse, estudiar y rendir para acceder al cargo.
Finalmente tuvo dos posibilidades: quedarse en 25 de Mayo o irse a Valdés. Eligió la primera opción, entre otras cosas porque sus dos hijos también concurren a la institución. “Para mí es como estar en casa. Estudié acá primaria, secundaria, maestra de grado. Es como estar en mi segunda casa”, define.
Una tarea que sostiene el funcionamiento cotidiano
La Secretaría es uno de los espacios centrales de la escuela. Allí confluyen cuestiones administrativas, organización, comunicación, asistencia, documentación, matrícula, docentes, estudiantes y familias.
Lía explica que el trabajo se realiza en conjunto y que tanto ella como Susana acompañan permanentemente al equipo directivo. “Es un trabajo en equipo. Nosotras dos trabajamos en conjunto, yo asisto al director y Susana me asiste a mí. Trabajamos mucho con la agenda del director y con toda la organización institucional”, detalla.
Entre sus tareas aparecen desde la organización de las cajas horarias y la cobertura de docentes ausentes hasta los registros de asistencia, las inasistencias de estudiantes y docentes, las salidas educativas, los cobros y toda la documentación administrativa.
Susana, por su parte, tiene una presencia cotidiana muy ligada también a los estudiantes. Lleva adelante registros, comunicados, cuestiones vinculadas con la cooperadora y la matrícula, pero además es muchas veces quien sale de la Secretaría para acompañar a un niño al baño o resolver alguna situación que aparece durante la jornada.
En una escuela grande, con una importante matrícula de alumnos y cantidad de personal, las situaciones pueden cambiar de un momento a otro. “Es poner en marcha una máquina todos los días. La Secretaría es el motorcito”, resume Lía y agrega que en ese funcionamiento, “la comunicación ocupa un lugar fundamental”. “Todo tiene como base la comunicación. Cómo lo vamos a comunicar, de qué manera, cómo va a llegar, que no se malinterprete, cómo va a estar escrito. Todo se acuerda con el director”, aclara.
Entre papeles, computadoras y abrazos
Cada una encontró en la Secretaría aquello que más disfruta de su labor diaria. Lía reconoce que se siente especialmente cómoda con la parte administrativa. “Me encanta lo administrativo. Me fascina toda la parte de cobros, contralor y demás”, comenta y agrega que “es un trabajo muy solitario. Tenés que estar concentrada, no equivocarte en un número, que no se te pase algo. Pero los nenes te alegran el día”.
Susana, en cambio, extraña un poco el aula y disfruta especialmente cuando tiene que volver a un grado para reemplazar a una docente. “Me encanta. Nunca digo que no. Me pueden mandar a primero, estoy en primero; a segundo, estoy en segundo; a tercero, que es mi base, estoy donde e necesiten”, asegura. Ese contacto con los chicos es algo que todavía conserva y que, sin dudas, disfruta muchísimo.
Lía también reflexiona que ahora conoce a los alumnos desde otro lugar, muchos de ellos siguen acercándose a la Secretaría para saludarla, darle un abrazo o simplemente visitarla. “Terminamos conociendo a todos. A los 414, en algún momento, todos pasan por acá”, señala, en referencia a la cantidad de alumnos que tiene actualmente la escuela.
Además se presentan esas pequeñas situaciones cotidianas que forman parte de la vida escolar y que, con el tiempo, se transforman en anécdotas. Lía recuerda especialmente una protagonizada por una alumna de primer grado que llegó a la Secretaría muy preocupada porque, según le dijo, “se había hundido el baño”.
“Yo imaginaba que había un cráter en el medio del baño”, cuenta entre risas. Finalmente descubrieron que la pequeña quería decir que el baño se había inundado. “Cuando arrancan primer grado son muy chiquititos. No todos hablan claro todavía, tienen otra forma”, explica.
La parte invisible del trabajo
Más allá de las tareas que aparecen a simple vista, ambas coinciden en que hay una parte del trabajo de Secretaría que muchas veces no se ve. Lía lo reconoce incluso desde su propia experiencia. Antes de ocupar el cargo, también pensaba que el trabajo de un secretario era más sencillo. “Yo también estuve del otro lado y creía que el trabajo del secretario era el más liviano. Decía: ‘Estás ahí sentada, tenés un montón de papelitos’”, cuenta.
Pero estar en ese lugar le permitió descubrir otra realidad. “La carga mental es mucha. Tenés el panorama no solamente de los chicos, sino también de los adultos. Ves todo lo que sucede. Aunque estés en un rincón, tenés el panorama de lo que dice el grande, lo que dice el chico, lo que dice la familia”, sostiene.
A eso se suma que la jornada no termina necesariamente cuando cierran la puerta de la escuela. “Es 24-7. Salimos y no se termina acá”, dice Lía. Los mensajes, las convocatorias, las ausencias de docentes y la necesidad de conseguir reemplazos pueden aparecer en cualquier momento. “Lo que se ve es una persona sentada en una computadora apretando un montón de botones y parece que no hace nada. Pero hay muchísimo detrás”, plantea.
Susana, que hasta hace pocos años estaba al frente de un grado, también reconoce la diferencia entre ambos roles. “En el salón estás en tu grupo, es más acotado. Acá ves muchas cosas que cuando estás dentro del salón no ves. Y pasan y pasan”, señala.
Una fecha para sentirse reconocidas
Por eso, para ambas, el Día de la Secretaria tiene un significado especial. No solamente por la posibilidad de recibir un saludo, sino porque permite visibilizar una tarea que durante el resto del año muchas veces queda en segundo plano. “Es sentir el reconocimiento a todo eso que uno hace”, coinciden Susana y Lía.
Para ellas, que sus compañeros se acerquen, que los chicos las saluden o que alguien simplemente diga “gracias” también forma parte de ese reconocimiento. “Resolver, solucionar, comunicar. Todo eso es importante y este día nos llena un poquito más porque hace que se pueda ver todo el trabajo que hacemos durante el año”, sostienen. Las dos hablan de agradecimiento y de la satisfacción de sentirse parte de un equipo.
Mientras Lía transita una etapa más reciente de su recorrido en la Secretaría, Susana mira su historia en la escuela con la tranquilidad de quien siente que dejó una huella. “La escuela es como mi casa. Estoy orgullosa. Te puedo asegurar que he dejado sembrado bien”, afirma.
Quizás en esa frase también esté resumida una parte de la historia que comparten ambas. Una maestra que durante años acompañó a sus estudiantes y que hoy trabaja junto a una de aquellas alumnas que alguna vez tuvo frente a ella. Dos generaciones, dos recorridos diferentes y una misma escuela como punto de encuentro.
Este viernes, en el Día de la Secretaria, la celebración encuentra a Lía y Susana compartiendo mucho más que una oficina: comparten una institución que conocen desde distintos lugares y que, para ambas, terminó convirtiéndose en su segunda casa.
