Este 17 de abril se cumple un año del grave siniestro vial ocurrido sobre la Ruta 205, a la altura del puente del Salado, que involucró a vecinos de 25 de Mayo y dejó a cuatro personas heridas, dos de ellas de gravedad y a una mascota fallecida. Con la causa aún en investigación y sin certezas definitivas sobre lo ocurrido, desde Baires Centro buscamos contar lo que muchas veces no se ve: lo que pasa después.
La historia es la de Fernanda Saavedra, esposa de uno de los heridos más graves; Gustavo Giangrieco. Pero también es la historia de una familia atravesada por un hecho que, como ella misma plantea, tal vez no deba llamarse “accidente”.
“Uno cree que son accidentes, pero la mayoría se pueden evitar”, dice en una entrevista exclusiva con Baires Centro.
El momento en que todo cambió
Fernanda estaba en su casa, cocinando. Era el jueves 17 de abril de 2025, Semana Santa. Esperaba a su marido, Gustavo, que regresaba desde Ezeiza junto a amigos, volvían después de varios meses de trabajar en Estados Unidos. “Estaba haciendo una pasta porque sé que le encanta. Los chicos jugando, todo normal”, recuerda. Hasta que un video en el celular de su mamá interrumpió la escena.
“Escuché sirenas en el video que miraba mamá y le dije que lo apague porque me pone muy nerviosa. Y me dice: ‘hubo un accidente en la Ruta 205’. Lo primero que pensé fue: son ellos”. Intentó llamar a Gustavo, a los amigos que viajaban con él pero nadie respondía. “Ahí entré en un estado… cada vez tenía más certeza. Era como un instinto”, relató. Buscó un teléfono, llamó a Bomberos de Roque Pérez, después al hospital. “Me pidieron que los nombre. Y me dijeron: ‘Sí, señora, son ellos’. En ese momento caí. Literalmente caí”.
El shock, los hijos y la decisión de salir
Fernanda y Gustavo tienen dos hijos muy chicos: en ese momento uno de 3 años y otro de apenas 11 meses. “Yo no podía entrar en shock. Tenía a mis hijos, a mi mamá. Tenía que mantener la calma”, continuó contando Fernanda. Llamó a su suegra, organizó como pudo lo inmediato y salió rumbo a Roque Pérez en medio de una tormenta. “Le dejé a mi hijo más chico a mi mamá y le dije: ‘Si nos pasa algo, te queda algo acá’. Fue desesperante”, se sinceró. En el camino, la llamaban del hospital para que llegue urgente y ella pensaba: “¿por qué tanta urgencia?… Y entendí que era por su estado crítico. Necesitaba estar internado en unidad de cuidados intensivos”.
El primer encuentro
Cuando por fin llegó, Gustavo ya estaba listo para ser trasladado. Le ofrecieron verlo. “Subí a la ambulancia. Estaba todo ensangrentado, todo roto. Buscaba dónde darle un beso y encontré el hombro limpio. Le dije: ‘Tenés que salir de ésta, los chicos te están esperando’”. La situación era crítica: le habían extirpado el bazo, tenía el fémur quebrado en dos partes y múltiples lesiones.
El “ángel” de la ruta
Días después, Fernanda recibió un mensaje inesperado. Era Germán Rosales, médico anestesiólogo, que viajaba detrás de la camioneta en la que Gustavo iba de acompañante y presenció todo. “Fue el ángel que Dios mandó. Él llegó y le salvó la vida. Gustavo necesitaba atención médica inmediata por lo del bazo”. El propio médico le dijo algo que la marcó: “Le di la oportunidad que mis hermanos no tuvieron, que murieron en un accidente y nadie llegó a cubrirlos”. El agradecimiento de la familia de Gustavo y Fernanda hacia Germán es eterno.
Lo que no se ve: el después
El accidente fue el inicio de un proceso largo, físico y emocional. Internaciones, operaciones, infecciones intrahospitalarias, rehabilitación. Meses enteros atravesados por hospitales. “Desde el 17 de abril hasta el 9 de mayo fue todo un caos. Después empezó otro proceso: el de reorganizar la vida”, nos cuenta Fernanda.
Pero también hubo otro impacto: el de sus hijos. “El más grande quedó prácticamente mudo hasta volver a ver al papá. El más chico tuvo un retroceso en el desarrollo”. Fernanda tuvo que dividirse entre el cuidado de Gustavo y el de sus hijos: “Sentís culpa por todo. Si estás con uno, descuidás al otro. Es una situación que nadie ve”, se lamentó. En ese punto agradece profundamente a las instituciones educativas donde asisten sus hijos por la contención.
El costo invisible
Además del dolor, aparece algo que pocas veces se cuenta: lo económico, lo cotidiano, lo emocional y así lo vivió Fernanda: “Se te desacomoda todo. Él no podía trabajar, había que viajar todos los días, pagar tratamientos”. Y también lo estructural: “Ahí te das cuenta que no estamos preparados como sociedad. Con una muleta no podés entrar a muchos lugares, las rampas están ocupadas… en fin”.
Las pérdidas que no se nombran
En el accidente también murió Loki, la mascota de la pareja que iba en el asiento de atrás y resultó herida. “Lo amaban como a un hijo. Eso tampoco se contó. Y no es menor”.
La recuperación
Gustavo sobrevivió. Pasó por múltiples cirugías, perdió su vaso y un testículo, tuvieron que ponerle prótesis en su cuerpo, tiene secuelas físicas, pero después de ocho meses y diez días volvió a trabajar. “Lo dio todo. Nunca se achicó”, dice con orgullo Fernanda y también recordó cuando el 10 de mayo volvió a su casa. Coincidió con el primer cumpleaños de su hijo menor: “Fue el mejor regalo: tener a su papá en casa”.
Concientizar desde la experiencia
A un año del día que cambio la vida de su familia, Fernanda decidió hablar con Baires Centro. No para revivir el inevitable dolor, sino para evitar que otros pasen por lo mismo. “Cuando uno se sienta al volante no imagina cuánto daño puede causar. Puede destruir sueños, familias enteras”.
Hoy nos deja un mensaje claro: “No sé si esto fue un accidente. Muchas veces no lo son. Son errores, imprudencias”. También insiste en algo fundamental cuando ocurre un hecho así de grave en una familia donde hay niños pequeños: “No dejen de hablar con sus hijos. Aunque sean chiquitos. Ellos entienden, sienten. Y pedir ayuda profesionales de la salud mental de ser necesario”.
Una historia que sigue
La causa judicial sigue en curso. No hay aún certezas sobre cómo ocurrió el hecho ni cuántos vehículos estuvieron involucrados, si bien es importante no es el fin de esta nota sino que con estas líneas se entienda que en un instante la vida de esta familia cambió para siempre y hay muchas más historias así para contar. “Hoy estamos. No sé si sanos, pero estamos. Y eso es todo”, concluyó Fernanda y desde Baires Centro esperamos que esta historia nos haga reflexionar.
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