Por Mariana Massa, de la Redacción de Baires Centro.
En el Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, cuatro mujeres de 25 de Mayo comparten con Baires Centro sus historias, recuerdan los momentos más difíciles que atravesaron y destacan la importancia de los controles para detectar la enfermedad a tiempo.
Liliana Messina, María Marta Fanaro, Marinela López y Patricia Herrera vivieron el diagnóstico de distintas maneras. El miedo, la incertidumbre, los tratamientos y la distancia de sus familias forman parte de sus recuerdos, pero también el acompañamiento, la fe, el humor y la fuerza para seguir adelante. Desde sus propias experiencias, hoy buscan transmitir un mensaje a otras mujeres: no dejarse estar y consultar ante cualquier duda.
El momento del diagnóstico
Para Liliana Messina, todo comenzó con un control durante las vacaciones de invierno de 2018. Después de haber postergado los estudios durante dos años por un problema de salud de su hija, decidió hacerse una ecografía mamaria. Tenía una molestia en el brazo izquierdo, pero no había notado nada extraño en sus mamas. Fue sola a la consulta, en bicicleta. Cuando el médico le informó que tenía un nódulo, se quedó paralizada. «Empecé a llorar y me quedé muda, sin habla, porque no entendía nada», recuerda. Salió de la clínica llorando, sin registrar lo que sucedía a su alrededor, y llegó a su casa convencida de que tenía cáncer.
Después buscó atención especializada en La Plata, donde le realizaron nuevos estudios y una biopsia. El 1 de noviembre de 2018 fue operada. A la distancia, agradece especialmente al mastólogo Aldo Cretón, a quien define como «un humano con todas las letras».
María Marta Fanaro recibió la noticia mientras trabajaba. «No podía creer lo que estaba leyendo cuando me lo entregaron, se te viene un poco el mundo abajo», cuenta. La primera en enterarse fue una compañera de trabajo, con quien compartió ese momento y el primer abrazo. Después llegó la conversación con su marido y sus hijas, que todavía eran chicas.
En aquel momento, incluso pronunciar la palabra cáncer le resultaba difícil. Sin embargo, eligió afrontar la situación con una actitud positiva y explicarles a sus hijas lo que iba a suceder, sin ocultarles el tratamiento que debía realizar y mostrar entereza ante ellas.
Marinela López, en cambio, recuerda que cuando el médico le comunicó el diagnóstico sintió curiosidad por saber qué vendría después. Explica que mentalmente se bloqueó y que durante mucho tiempo sintió que todo aquello le estaba pasando a otra persona, como si ella no fuera la enferma.

Patricia Herrera estaba junto a su hermana y su esposo cuando recibió la noticia. El médico le entregó el sobre y, con un gesto de cabeza, confirmó que se trataba de un tumor maligno. «Mi cabeza estaba en blanco. No podía llorar», recuerda. Su hermana rompió en llanto, mientras ella todavía intentaba procesar lo que estaba escuchando.
Los momentos más difíciles y las personas que estuvieron
En el caso de Liliana, uno de los golpes más duros fue ver sufrir a sus hijos. Aunque se considera una persona fuerte, recuerda el dolor de verlos atravesar aquella situación. También destaca el acompañamiento de su familia, sus amigos, sus amigas y sus compañeras de trabajo. Entre las personas que la ayudaron, quiso mencionar especialmente a Analía Cardarelli, de IOMA.
Liliana recibió 32 sesiones de radioterapia y viajaba diariamente a Junín para realizarlas. No tuvo que hacer quimioterapia, pero el proceso dejó una huella emocional que todavía aparece cuando recuerda aquellos días. Aunque le recomendaron consultar con un psicólogo, no lo hizo y reconoce que hablar del tema aún la moviliza.

Para María Marta, lo más difícil no fue la cirugía, sino la distancia de sus hijas durante el tratamiento en La Plata. Viajaba durante la semana y regresaba a su casa los fines de semana para compartir un rato con ellas. Agradece profundamente a sus cuñados, que la alojaron y acompañaron durante su estadía, y a su familia, que estuvo al cuidado de sus hijas junto con su marido y su hermana. Saber que ellas estaban contenidas le permitió transitar el tratamiento con mayor tranquilidad.
Marinela atravesó tres operaciones consecutivas y las consecuencias físicas de las anestesias, los drenajes y las curaciones. Durante la recuperación en su casa, comenzó a caminar muy lentamente y a contar sus pasos: un día diez, al siguiente veinte, después treinta. Hasta que llegó el momento en que pudo alcanzar el patio y ver el sol. «Ese día fue lo más hermoso que me había pasado en años», reflexiona. También tuvo que viajar durante cuatro meses entre 25 de Mayo y La Plata. En esos trayectos encontró una manera de sobrellevar la situación: comenzó a escribir en Facebook sus experiencias bajo el título «Relatos de una pasajera», inspirada en «Relato de un náufrago», de Gabriel García Márquez.
El humor se convirtió en una herramienta para seguir adelante. También lo fueron Dios, su familia, sus amigos, sus hermanas y las mujeres que compartían con ella los tratamientos. Después de las sesiones de rayos, recuerda, se iban a tomar mate a una plaza, a merendar, a caminar o al bingo. Marinela guarda además el recuerdo del cariño de los vecinos y de personas que, incluso sin conocerla, se acercaban a abrazarla, le deseaban suerte o le decían que rezaban por ella. «Yo era una Lady Di veinticinqueña, con media teta, pero famosa pueblerina», cuenta con humor.
Patricia, por su parte, identifica la caída del cabello como el golpe más duro. La pérdida se volvió tan difícil de sobrellevar que llegó el momento de cortárselo por completo. Recuerda aquella noche, después de que su peluquero la rapara, cuando se miró al espejo y tomó dimensión de lo que estaba viviendo. «Me miré al espejo y dije: ‘Mierda, estás enferma'», relata. Para atravesar esa etapa, encontró en la pintura una actividad que le permitió ocupar la mente y concentrarse en otra cosa.
Si bien comenzó el tratamiento de quimioterapia lo tuvo que interrumpir porque contrajo hepatitis. Durante la quimioterapia aclara que nunca se descompensó y que viajaba acompañada por su esposo, sus hermanas, y su cuñado, a quienes agradece profundamente. Luego realizó 35 sesiones de radioterapia en La Plata: «Estuve acompañada por mi sobrino Joaquín y mi sobrino del corazón, Hernán, dos estudiantes que no dudaron en recibirme algunas veces en su departamento. Soy agradecida a la vida por haberme cruzado con dos profesionales de la salud como lo son Diego Valenzuela y Fernanda Mohamed. Excelente atención en Breast, clínica de la mama».
Un mensaje para otras mujeres
Las cuatro coinciden en la importancia de los controles, aunque cada una transmite el mensaje desde lo que le tocó vivir. Liliana recomienda no postergar los estudios. Después de la operación recibió 32 sesiones de radioterapia y, aunque el médico le indica controles anuales, ella elige realizarlos cada seis o siete meses para sentirse más tranquila.
María Marta insiste en que la detección temprana puede cambiar el curso de la enfermedad. Su mamá murió de cáncer de mama y, según recuerda, cuando se lo detectaron ya era demasiado tarde. En su propio caso, advertir un bultito y consultar enseguida le permitió iniciar los estudios y el tratamiento sin demora.

«Que no tengan miedo, que se revisen, que se toquen, que se miren al espejo», aconseja. También pide consultar ante cualquier duda y no abandonar los controles por temor a los resultados. Para ella, mantener una actitud y energía positiva y contar con acompañamiento son aspectos fundamentales para afrontar el proceso.
Marinela recomienda realizar los controles de acuerdo con el criterio del profesional que atiende a cada mujer. También destaca el autoexamen y la importancia de observar las mamas, palparse y consultar si aparece algo diferente. «Nunca te quedes con dudas», señala. En su testimonio, además, quiso recordar a tres mujeres que ya no están, pero que recorrieron el mismo camino y fueron importantes para ella: Alicia Torrealday, Rosana Gamarra y Mirta Catalano. «Estas mujeres me guiaron, me aconsejaron, me ayudaron. Para ellas, todo mi amor», expresa.
Patricia también pone el acento en los controles y en la necesidad de actuar ante un diagnóstico. Su recomendación es seguir las indicaciones médicas, tener fe y buscar una manera de transitar la enfermedad sin dejar de lado aquello que hace bien. «Siempre positivo, y sobre todo, eliminar de tu vida lo que resta», sostiene. También invita a tomar distancia de las personas que no saben, no pueden o no quieren acompañar y a encontrar actividades que ayuden a ocupar la mente, como hizo ella con la pintura.

Las historias de Liliana, María Marta, Marinela y Patricia son diferentes, porque también lo son las maneras de recibir un diagnóstico, atravesar un tratamiento y convivir con lo que viene después. En sus relatos hay miedo, dolor y momentos difíciles, pero también hay afectos, solidaridad y aprendizajes.
En este Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Mama, sus testimonios ponen en palabras una recomendación compartida: hacerse los controles indicados, prestar atención a los cambios en el cuerpo y consultar a tiempo. Hablar de prevención también es escuchar a quienes atravesaron la enfermedad y hoy eligen contar su experiencia para acompañar a otras mujeres.
